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La dura vida del portero

 

 

Hace unos días mi hijo Borja, de poco más de 2 años, me dejó entrever una nueva idea que le circula por su pequeño cerebro. Como cualquier otra tarde nos encontrábamos en el parque pasándonos el balón el uno al otro. De repente se paró, me trajo el balón con las manos y lo dejó caer en mis pies al tiempo que decía “chuta papi”. Él volvió a su posición y yo le volví a pasar la pelota. Borja la detuvo con las manos, me miró y mientras sonreía me dijo: “papi, yo portero”.

Por si quedaba alguna duda de lo que había pasado en el parque cuando volvimos a casa me llevó hasta su pequeño futbolín que tiene en la habitación. Allí, señalando al muñeco del portero me dejó las cosas claras: “Borja portero”. Apaga y vámonos. Su madre y yo nos reíamos mientras ocurría esto y comentamos que realmente nuestro hijo daba el perfil para ser portero. ¿Habéis conocido a algún portero 100% cuerdo? Yo personalmente no.

Bromas aparte, creo que hay que tener un don especial y una valentía fuera de lo normal para querer ponerse por voluntad propia debajo de una portería y querer detener todos los balones que te llegan con cualquier parte del cuerpo, incluso con la cara.

Soy de los que piensa que, como cualquier futbolista, un portero nace y se hace, pero sobre todo NACE siendo portero. Los niños quieren imitar en el patio del colegio a los jugadores que marcan los goles o que dan el último pase. Quizás esto explique que en el fútbol base sea tan difícil en ocasiones encontrar un portero al que le gusta lo que hace. La mayoría de los niños que se ponen los guantes son aquellos que quieren jugar al fútbol y no tienen la capacidad suficiente para hacerlo. La ley de Darwin de la selección natural, en la que sólo sobreviven los más fuertes, comienza a actuar en edades tempranas. Pero es muy complicado que estos mini-porteros “por obligación” lleguen lejos porque básicamente no les gusta lo que hacen.

A medida que se van quemando etapas sólo los porteros vocacionales, aquellos que NACEN para esto, continúan ahí tirándose al suelo una y otra vez en cada entrenamiento y en cada partido para evitar que les marquen gol. Y es que la vida del portero no es sencilla. A pesar de que la mayoría de las superficies de los terrenos de juego ha cambiado a mejor (cada vez quedan menos campos de tierra o de piedras) ellos siguen golpeándose contra el suelo, contra otros jugadores, contra los postes de las porterías,… A lo largo de mi vida los golpes más aparatosos y alarmantes que he visto en los campos de fútbol se los han llevado los porteros. Bueno también es cierto que he visto contusiones graves en los cuerpos de delanteros y defensas. ¿Por qué? Por golpearse contra un portero. Quizás sea por todos esos golpes (algunos de ellos en la cabeza) por los que los cancerberos tienen una personalidad tan diferente al del resto de futbolistas.

Como decía antes la vida del portero no es sencilla. Siempre en un segundo plano, el portero puede ser el único jugador que no toque un balón en los 90 minutos de juego. No suele ser así, pero las estadísticas están ahí. ¿De media, cuántas veces interviene un portero en un partido de fútbol? En el 99% de los casos el portero entra en acción muchas menos veces que cualquier jugador de campo.

 

Todo lo anterior es aplicable si te toca jugar. Porque si eres el portero suplente puedes tirarte meses, e incluso años, hasta que el entrenador te dé la oportunidad. En mi vida he visto guardametas de mucho nivel que se han pasado la mayor parte de su carrera sentados en un banquillo esperando su oportunidad. Y lo sufren en silencio. Sin protestar. Ellos son así, jugadores que miran más por el colectivo que por lo individual. Explícale esto a un jugador de campo…

 

¿Y los fallos? A un delantero, a un mediapunta o a un extremo se le permite fallar de forma continuada. Ahora si el portero hace una mala salida o un mal blocaje se forma un runrún en el campo, en el banquillo y en la grada. El portero es el último jugador del equipo y sus fallos suelen costar goles. En esos momentos posteriores, mientras todo el mundo centra la mirada en su “cantada” el portero se gira hacia la portería y recoge el balón de entre las redes. Esta es la viva imagen de un jugador solitario. Y es que el portero vive en permanente soledad. De ahí que sea tan importante trabajar el aspecto psicológico con ellos. Por obligación tienen que ser tipos especialmente fuertes y preparados para el fallo. De lo contrario, si un portero se viene abajo aparece la ley de Murphy y todo va a peor.

Para trabajar el aspecto emocional y el aspecto técnico-táctico nació hace unos años la figura del preparador de porteros. Con más de 100 años de historia que tiene el fútbol y aparece recientemente el entrenamiento específico de los porteros… ¿veis como no está todo inventado? Éste ha sido para mi uno de los mayores aciertos de la historia reciente de este deporte. No soy capaz de imaginarme ahora mismo a cualquier portero entrenando en las condiciones en las que lo hacían los guardametas de los 70 o los 80. Y a pesar de ésto menudos porterazos había por ahí adelante en aquella época.

El portero es un jugador aparte. Con una indumentaria diferente, con un hábitat natural propio (el área) y con una vida al margen de la ley, ¿cómo es posible que no hayan tenido un entrenamiento específico hasta hace relativamente poco? Ahora os digo una cosa: al entrenador de porteros le das la mano y te coge el brazo. Que nadie se me enfade, pero a todos los preparadores de porteros les parece poco el tiempo que le dedican a sus pupilos. Los entrenadores de porteros siempre quieren más. Están todo el día maquinando tareas con los materiales más disparatados del mundo. Yo voy al campo de entrenamiento y veo preparados esos “aeropuertos” en forma de conos, picas, vallas, cintas y cajones y ya sé de antemano que el portero va a sufrir una tortura.

 

 

Pasado el momento del entrenamiento específico llega el momento de tensión. Os lo relato. El entrenador principal le pide al preparador de porteros que los deje incorporar a las tareas grupales. Aquí viene la respuesta de siempre: “dame 3 minutos más míster, estoy acabando”. Esos 3 minutos se convierten en 5 o en 10 y el míster empieza a torcer el gesto. No os preocupéis. No pasa solamente en vuestro equipo. Ocurre en todos los equipos. Amateurs y profesionales. Da igual.

Yo soy el primer defensor del entrenamiento específico para cualquier jugador. Ahora bien, ésto no quita que el portero tenga la obligación de entrenar mucho tiempo al lado de sus compañeros. Más que nada porque el domingo el portero no va a estar completamente solo. Va a tener al lado a unos jugadores con camisetas diferentes, pero con el mismo escudo. Son sus compañeros. Y sí, tiene que tener un cierto nivel de acoplamiento y entendimiento con ellos. Debe conocer sus virtudes y sus defectos, sobre todo los de los jugadores que forman la línea defensiva.

Por último me gustaría defender el papel de “narrador de partidos” que suelen tener los guardametas. A veces gritan demasiado y todos nos quejamos por el tono de voz que emplean, pero dame un portero charlatán y no me des un portero mudo. ¿Quién tiene la mejor ubicación para observar todo lo que ocurre en el campo? Pues eso, dejad a vuestros porteros que hablen, porque son los únicos capaces de ver al mismo tiempo los movimientos de los 20 jugadores de campo.

Para acabar me vais a permitir que dedique este artículo a todos esos locos con guantes que se ponen debajo de una portería todos los fines de semana. En especial a todos con los que he coincidido y me han sufrido en un vestuario, bien como jugador o bien como entrenador. En ocasiones me he acordado malamente de vuestros familiares más cercanos. No me lo tengáis en cuenta. Son cosas del directo.

 

Extret de https://alsegundopalopery.blogspot.com.es/2017/10/la-dura-vida-del-portero.html?m=1

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